Editado originalmente, el 21 de noviembre de 2011
Recuerdo la dificultad que presentaba aquella caja de gusanillos. Fue durante la navidad de hace siete u ocho años. Nunca, nada tan fácil como abrir una caja, se presentó tan difícil: mi padre creía que era "coser y cantar", pero nada. Por suerte, allí estaba yo con mi vetusta cámara para inmortalizar el momento. Algo bastante normal, dentro de la anormalidad que nos acompaña día a día.
Desde entonces, no tengo duda alguna (conociéndome -y pueden aseverarlo aquellos que me conocen-) que los genes paternos, me identifican por completo. Otro día, hablaré de los maternos...